Se ha presentado el proyecto en una sesión con Ayuntamientos catalanes, organizada por la consultora medioambiental “La Vola”, para explicar los objetivos estratégicos que se promueven, especialmente el papel que pueden tener los Ayuntamientos.

Para sacar adelante este objetivo, el Ayuntamiento de Vilafranca se ha asociado con tres actores sociales que son claves en el proceso: la cooperativa COVIDES, que aglutina a un buen número de viticultores de la zona y que tiene que ser la principal proveedora de materia prima, sin ser excluyente;  la cooperativa NOU VERD, que ya ha experimentado con el tema, y que tiene que ser quien haga las tareas de la pre-poda, así como la preparación de la biomasa y el transporte al lugar de consumo; y finalmente el Clúster INNOVI, que es otra manera de practicar la economía social, puesto que es donde se han unido la mayoría de elaboradores punteros  de la D.O. para promocionar la innovación en los procesos del sector. Por lo tanto son tres socios de marcado carácter social y que están comprometidos con la lucha contra el cambio climático y la reducción del CO2.

El Ayuntamiento de Vilafranca, además de promocionar el consumo de la biomasa proveniente de la viña de las bodegas del territorio, pondrá en marcha también un Distrito de Calor en la ciudad, dentro del programa LIFE aprobado este año, que dará energía térmica a distintos equipamientos públicos de la ciudad y, si es posible, a una bodega que se encuentra en el casco urbano. Todo ello para predicar con el ejemplo y estimular al sector para que utilice al máximo sus propios subproductos para producir energía, pensando que si no basta con los sarmientos, también se puede utilizar el orujo, una vez se ha sacado el alcohol, que tiene tanta potencia calorífica como el conjunto de sarmientos de cada cepa. Es en este sentido que decimos que el proyecto de “Viñas por Energía” es nuestra manera en el Penedès, de trabajar para la democratización en la producción de energía, hoy en manos de grandes corporaciones y de intereses internacionales que hacen de la energía una arma para aprovecharse de la economía en vez de ser un apoyo; y es por eso que se debe democratizar su funcionamiento con la economía social.

El cambio de modelo energético no vendrá de arriba abajo (pues debemos tener claro que no interesa a quien está a la cabeza del control de la energía) sino que se debe poner en marcha y conducir desde abajo, desde cada territorio en concreto, con la convicción de que acabará concretándose en nuevas maneras de producir energía sin que sea ni un castigo para el medio ambiente ni un castigo para la economía productiva. I un esfuerzo así, lógicamente que no se puede hacer desde el aislamiento ni con voluntad individual, sino que se tiene que hacer de manera cooperativa y con el apoyo de las estructuras sociales más próximas a la ciudadanía, como son los Ayuntamientos. Y si, como es nuestro caso, podemos contar con el apoyo de la U.E. porque coincidimos en trabajar para el respeto a la naturaleza, mucho mejor para culminar un reto, la democratización de la producción energética con el trabajo cooperativo.